Como una gran excepción aparece la imagen de Nuestro
Padre Jesús Nazareno en la Procesión de Viernes
Santo. El titular de la Cofradía, cuya imagen no fue
sustituida desde los inicios de la institución, y que
se salvó milagrosamente de la riada de San Calixto,
mantiene la estampa, sin embargo, de una imagen barroca, aunque
muy diferente de las restantes de la procesión.
Salzillo, en todo caso, reprodujo en los rostros de sus representaciones
de Jesús, rasgos del Titular, el Nazareno, que nos
muestra esta antigua escultura de oscuro origen. Distinto
es el trono que la porta y distintos son los nazarenos que
llevan la imagen, mayordomos con túnica muy sencilla,
que llega hasta el suelo en el que es posible advertir sus
pies descalzos.
La
tradición dice que fue un monje agustino, el padre
Burón, quien trajo esta imagen de Italia en el siglo
XVI, y esta documentado que, al fundarse la Cofradía
de Nuestro Padre Jesús, en 1601, los Mayordomos de
la misma encargaron al escultor Juan de Aguilera y al pintor
Melchor de Medina, la hechura de la imagen de Nuestro Padre
Jesús, titular desde entonces de la Cofradía.
Lo cierto es que se convirtió pronto en imagen de devoción
popular en la ciudad de Murcia y han sido numerosas las procesiones
en rogativa y las novenas que se le han dedicado en ocasión
de calamidades públicas. Junto a la imagen del Nazareno,
los primeros mayordomos encargaron lo que entonces de denominaba
"insignias", es decir pasos, que, con el tiempo,
serían sustituidos por los de Salzillo que hoy conocemos,
suerte que jamás corrió la imagen del Nazareno.
De rostro muy expresivo, mira hacia el suelo, sensación
que causa gran admiración de los que asisten a la procesión,
ya que su mirada se dirige exactamente al espectador en la
calle.
La cruz que porta es de concha y está realizada en
México, en la península de Yucatán, en
1800. Y algo que ha quedado totalmente en el olvido es que
la imagen tiene el brazo derecho articulado, de manera que
en algún tiempo debió utilizarse como imagen
para bendecir.
La
imagen lleva sobre puesta peluca de cabello natural, viste
túnica morada, ceñida con cordón y al
cuello porta los "ahogadores" o cordón de
cuello propio de la iconografía del Nazareno, que en
La Caída se halla en pleno uso. Sobre un almohadón
reposa el pie derecho, sobre el cual se sitúa durante
la procesión, un embojo o "boja" de gusanos
de seda ya encapillados, ofrenda tradicional de uno de los
productos ganaderos más característicos de la
huerta de Murcia.
Y esa devoción popular es aún hoy advertible entre
las numerosas personas que acuden a ver la Procesión
de Viernes Santo en las calles de Murcia.
Cuando
Nuestro Padre Jesús sale de la Iglesia, en la ya avanzada
mañana de Viernes Santo se siente una emoción
especial diferente de la experimentada en la salida de los
otros pasos.
Suena
en la banda de música la Marcha real, como es tradición
de todas las Cofradías murcianas cuando aparece en
la puerta de la Iglesia el titular de la Cofradía,
y en el ambiente surgen los aromas del incienso que acompaña
a esta imagen.
Con el paso característico de sus estantes descalzos, paso
acompasado a un vaivén sereno y silencioso, la imagen
señera del titular de la Cofradía sale de su
Iglesia, como hace dos veces al año. En esta ocasión
y cuando en la noche anterior al Viernes de Dolores al terminar
el Quinario en su honor, marcha al convento de las Agustinas
a pasar doce días que terminarán a las doce
en punto del Miércoles Santo cuando se celebra el Solemne
Traslado de Nuestro Padre Jesús a su Iglesia privativa.
A lo largo del itinerario de la Procesión, una especial
devoción, regida por el respeto y la severidad, a la
que contribuye el carácter austero de los propios estantes
de este paso, se dejará sentir en cuantos asistentes
a la procesión acogen la figura secular del Nazareno
ante su paso por las calles de Murcia. |